Magny Escena no nació de un escritorio: se fue armando en salas prestadas, ferias de fin de semana y conversaciones de pasillo entre gestores. Esta es la cronología de lo que hemos construido junto a los vecinos.
En marzo de 2023 distribuimos el primer calendario mensual en papel, con doce eventos de salas independientes y una tirada de 500 ejemplares que se agotó en dos semanas.
Para septiembre de ese año ya coordinábamos con siete salas autogestionadas y tres colectivos de ferias. El calendario pasó de ser un listado a una curaduría compartida con criterios claros.
En enero de 2024 publicamos la primera serie de conversaciones con artistas de la comuna. Cada entrevista se hizo en el espacio donde ensaya o expone la persona, sin estudio ni decorado.
A mediados de 2024 lanzamos recorridos impresos por tres sectores de Magny, con mapas de salas, horarios de ensayo abierto y datos prácticos de acceso para quienes recién llegan.
En octubre de 2024 abrimos la primera convocatoria para que cualquier vecino proponga eventos al calendario. Recibimos 34 postulaciones y la mitad entró a la programación regular.
Este año comenzamos a reunir registros documentales en blanco y negro de cada actividad. El archivo ya supera las doscientas imágenes y se usa para armar retrospectivas de sala.
Magny Escena nació en 2019 como una libreta compartida entre cuatro vecinos que anotaban conciertos y exposiciones en papel. Hoy es un calendario colaborativo que reúne la programación de más de treinta espacios independientes de la comuna. Cada etapa nos enseñó algo distinto sobre cómo se sostiene la cultura local.
Todo partió con un volante fotocopiado que repartíamos en la feria de artesanos. Tenía ocho eventos y dos errores de horario. Aun así, la gente lo guardaba. Ahí entendimos que faltaba un lugar donde la programación local estuviera reunida y fuera confiable.
Cuando llegaron las primeras ofertas de auspicio, decidimos mantener la agenda gratuita para el público y sin costo para las salas pequeñas. Preferimos sostenernos con aportes voluntarios de los propios espacios y con la venta de una cartelera impresa trimestral.
Formamos un grupo de quince gestores culturales que comparten sus fechas con dos semanas de anticipación. Eso nos permitió reducir las cancelaciones de último minuto y cruzar actividades que antes se pisaban entre sí. La confianza entre programadores se volvió nuestro principal activo.
Sumamos las guías de recorrido por salas independientes y las entrevistas breves a artistas locales. El calendario dejó de ser solo una lista de fechas y empezó a contar quiénes están detrás de cada actividad. Las visitas a las páginas de cada evento crecieron un 40% desde entonces.
El sitio funciona con un sistema de fichas que cualquier gestor puede actualizar, pero siempre pasa por una curaduría editorial. No publicamos todo lo que llega: revisamos que cada evento tenga datos prácticos claros, acceso definido y una recomendación honesta por público.